POESIA
VISUAL
El mundo figurativo es otro de los grandes mitos que nuestro siglo ha quebrantado.
El altar de la verosimilitud se ha derrumbado y, por lo consiguiente, las
llaves de lectura del mundo se ha visto aumentadas.
En la segunda posguerra, los manifiestos se sumaron a otros precedentes
y se intentó la divulgación teórica de un fenómeno
que dignificaba las raíces de la representación artística
y de la comunicación visual.
El “manifiesto de la abstracción clásica” aprobó
el advenimiento de una destrucción que no concernía tanto
a los “objetos y las formas” sino a aquello que era “viejo,
nostálgico e íntimo” en el mundo espiritual de los artistas
figurativos.
Y ahora, ¿qué otros lenguajes se hacían necesarios?.
¿Con qué caminos contar para comunicar las emociones?.
El de la “poesía visual” aparecía como uno de
los tantos, entre los más recientes. Es en ese marco donde podemos
ubicar la obra de Lini. Sobre la tela o el papel, el pensamiento del artista
va tejiendo su filigrana de emociones, aunque también conceptos.
Son ideas (¿en parte también pulsiones inconscientes?) que
no nacen de la visión de la Realidad sino de la idea de ella que
el pintor va madurando dentro de sí.
En tal contexto, un signo, una señal de color, un hilo encolado,
un vacío o un lleno de palabras, se cargan de todas las significaciones
posibles, de todas las alusiones en las cuales un autor y un lector se sientan
tentados a aventurarse y arriesgarse. Aún una letra del alfabeto
(no en la función decorativa que fue cara setenta años atrás
a un Rosai, o a un Soffici o a un Giorgio Morandi en su brevísimo
momento futurista), o una sigla poética o un ensamble de collage
pueden llegar a cargarse de sentimientos universales en los cuales todos
pueden llegar a reconocerse.
El lienzo, en consecuencia, puede volverse página estilizada de comentarios
del vivir cotidiano, casi un “poema por signos” que trasmuta
la “sustancia” de las cosas visibles en una forma abstracta
de aquella sustancia.
Decía un filósofo que “la Naturaleza es impasible”:
siempre es necesario un hombre que sobre ella ejerza la propia libertad
de transformarla y de transformar los elementos conocidos ( luz, sombra,
bien, mal, sonidos, plantas, agua, tierra, etc.) en elementos cromáticos
y verbales.
De todos modos, Lini sabe que no puede instaurarse en creador del mundo
o influir sobre la vida de las cosechas, sobre las carestías o sobre
la muerte, pero se sabe dueño del gesto que revela el conocimiento
del propio existir en relación con las “cosas y los fenómenos”
y sabe también del poder que implica el usar la imagen pintada o
escrita para transmitir la memoria y la historia de la materia. Esa es su
manera de “vencer la muerte” mediante la personal resurrección
de un “gesto” que entrega a la historia de la memoria.
Las hojas “señaladas” son lábiles. Las toca y
las alcanza un grumo, un código secreto, una alusión. Y el
autor se detiene largamente – figurativo o no figurativo – antes
de elegir un color, como el poeta se demora en la elección de un
término.
Estos momentos de espera viven en la suspensa y maravillada fragilidad de
un existir que debe morir. Y el resultado gráfico logrado es lo escandido
de un trozo de vida ya acabado para siempre, que sólo el signo conservará.
Dino Carlesi, 1992 |

VERANO
Acrílico y lápiz sobre masonite
Width: cm.60 Height: cm.70
Dated: 1991 |

VIRGINIA
Acrílico y lápiz sobre lienzo
Width: cm.50 Height: cm.70
Dated: 1990 |

ITALIENISCHE MALEREI
Acrílico sobre masonite
Width: cm.60 Height: cm.80
Dated: 1989 |